Mejor un cambio que un dolor de cabeza

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Si no me funciona una empleada del hogar, ¿qué hago? 

Lo primero reconocerlo. Y esto es muy pesado, porqué sabemos que cualquier cambio implica también cambios para nuestra familia y, seamos sinceros, nunca viene bien el momento.

¿Cómo lo hago?

Hay que dar una oportunidad y no confundir un periodo de adaptación, que suele durar una semana, con un mal desempeño del trabajo. También tenemos que tener en cuenta que no sólo nosotros necesitamos un período de adaptación a sus maneras de trabajar, también nuestra empleada tiene que coger las riendas de la casa, tiene que hacer suyo el espacio. Se pondrá nerviosa, todos lo hacemos en situaciones que nos superan, pero tendremos que tender nuestra mano para solucionarlo y no tener en cuenta sus errores durante ese tiempo.

Entonces, después de este tiempo, si la empleada lleva más de un mes trabajando en nuestro hogar, si ya hemos planificado las tareas juntas sobre papel en más de dos ocasiones y si ya nos hemos sentado a hablar, como mínimo, dos veces, podremos decir que no nos hemos adaptado bien y que sus servicios no funcionan en nuestro hogar.

Si después de reflexionar juntas, de cambiar algunos aspectos para que todo marche mejor no obtenemos cambios, es que no funciona. Que no funcione en nuestra casa no significa que no funcione en otra, ni que sea mala trabajadora, sino simplemente que sus servicios no se adecuan a nuestras necesidades y que necesitamos un cambio.

Entonces, ¿qué hago?

Pensar que pasar el costoso cambio es mejor que quedarse de brazos cruzados, y seguir aguantando la situación. Ayudalia dispone de un servicio de selección que permite que el cambio sea corto y la persona nueva entre dando lo mejor de sí misma. Hay que hacerse a la idea que nos espera una semana de adaptación y ya está. Luego todo irá sobre ruedas y no tendremos que preocuparnos mucho más.

¿Y qué pasa si tengo niños y personas mayores que ya estaban acostumbradas a esa persona?

En estos casos, si nos dejamos llevar por la pena, vamos a empeorar las cosas. Los niños y los mayores, sorprendentemente, se adaptan mejor que nosotros a todos los cambios y aunque en un principio cueste, o se nieguen, luego acabarán por acostumbrarse a la nueva empleada. Para facilitar las cosas, recomendamos hablar, explicar que la cuidadora se va pero que vendrá otra igual o más simpática y buena.

Y no tengamos pena por ella, porqué seguro que donde se desenvuelva mejor va a ser más reconocida!

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